zumbidos

miércoles, 2 de marzo de 2011

Querido Papá








Querido papá:

Ya son muchos los años que te alejaste de mis ojos. El recuerdo y la normalidad son los inquilinos inquietantes que viven aquí, encima de mí.

Pasaron aquellos primeros años donde, tu insistencia por regalar mi vida al Dios que regalaste la tuya, abortó cualquier expresión que me perturbaba.

Por estos lugares te idolatran, mientras aguantaré mis lágrimas cantando en masas. Cierto es, que pagamos la ley del comercio, la de la vida. ¿Acaso tuvimos la culpa de tener dinero bajo tierra? Ésta, nuestra tierra madre, que nos amamantó con desdichas. Que la mía, padre, se la llevó una ruina, un sepulcro de escombros, un capricho de bomba, en un sitio desafortunado para nuestros sentimientos.

He de tragar el orgullo de tu ausencia, huérfano sin pasado, desolado ante el futuro. Teniendo en mi alma infantil, un arma que intenta andar tras su odio. Esta es mi nueva asignatura y la crueldad mi profesor, he de pasar la tristeza de no ser yo. ¿Por qué no dejan a mis ilusiones danzar?.

Mientras, sigo cantando, como tigre hambriento, con esperanzas vanas a la inmensidad del poder.
Tengo miedo padre. Veo a muchos como yo. Miedo a los ruidos, miedo al silencio, miedo al odio, miedo al fracaso, miedo a mis propios cánticos, miedo al acierto, miedo al llanto y miedo en las miradas. Miradas en nuestros mayores, donde un atisbo de maldad nos convierte en sus herederos.

Hay misiles de vergüenza en cada hueco de nuestra soledad. Fundamentalistas sin recuerdos, ni fundamentos, inquisidores del dolor ajeno. Cobardía padre...de aquellos que nos manipulan y se recuestan lejos del humo, aquellos que firman treguas con besos de “Alá” y nos transforman a todos en el “San .Pedro” de sus libros.
Nos desangran, vertemos nuestro carmín en la misma tierra que recogen la suya negra.
No quiero morir, solo tengo 13 años, papá, y apenas puedo sujetar estas balas que me han impuesto. Enterraré una, para que su sepulcro sea la que me recuerde, cuando mis entrañas salten de tumbas en tumbas de mis obligados enemigos.
Somos mendigos crueles del azar, somos ladrones de nuestras propias actitudes. Somos bebedores del orgullo monetario y nos drogamos con la fumata blanca. Somos pasados imperfectos de nuestras vidas y futuro perfecto y certero de los proyectiles y sus venenos.

Me desquicia no saber cuantas luces del día me quedan y me indigna el día que veo la luz, la que levanta mis párpados al horizonte y los abandonan en el hueco triste del pensamiento y el anhelo. El de mama y el tuyo y vuestra ayuda, vuestro consuelo, vuestro cariño...y no se que hacer...
Vuelve a iluminarse el cielo, ya no luce la luna, las noches son días cegadores de estruendos sonidos...¿Por qué?


1 comentario:

  1. PUBLICADO POR SIBILINA POR CORREO ZUMBIDOSSS.

    Enhorabuena conspirador por esa emocionante carta llena de ternura. Me ha hecho preguntarme sí realmente un niño perdido en un rincón del mundo y al que le hayan robado la infancia de esa forma seria capaz de ordenar sus pensamientos de la manera en que lo has ecrito tú...........y me parece que probablemente la respuesta es que no. Desgraciadamente es muy difícil, por no decir imposible, que alguien que no ha conocido otra realidad que la de la guerra y el odio, pues a eso se reduce su experiencia vital, pueda llegar a cuestionarse el sentido de la misma. Como muchos de nuestros padres iban a trabajar a cortijos de señoritos de nuestra tierra siendo niños, sin que nadie denunciara una situación que a día de hoy, afortunadamente, sería impensable para nuestros hijos.....si te das cuenta de aquello no hace tanto. Sólo que ahora el "problema" no lo tenemos tan cerca, al menos en apariencia.......Digo esto porque probablemente más de una vez nos hayamos puesto algunas zapatillas o ropa que fue fabricada por un/a niño/a a cambio de un plato de comida, en una renovada versión de esclavitud. De la misma forma que de vez en cuando, como la punta de un iceberg, asoma en algún informativo la imagen de un señor con barrigota luciendo bañador que ha sido pescado miestras acudía a recibir "favores sexuales" de menores en algún país dónde la pederastia no es un escándalo, sino casi una oportunidad consentida para el negocio económico o la susistencia familar. Cuidadanos ejemplares en estos nuestros "países civilizados" y auténticos mosntruos allí dónde la moral es un artículo de lujo, cuando necesidades básicas, como la de llevarse algo a la boca son prioritarias.
    Si fuesemos capaces de pensar cada día que uno no nace dónde quiere y creyeramos en algo parecido a la reencarnación, seguro que en cada una de nuestras "vidas" intentariamos contribuir a que este tipo de situaciones se hubieran extinguido, aunque fuera por el simple egoismo de evitarnos el riesgo de que en una nueva vida nos tocara nacer en el lugar equivocado.

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